Jorge era un tipo de éxito en su profesión. Sin embargo, conforme aumentaba su edad,
comenzó a atormentarse por intensos dolores de cabeza. Cuando su vida profesional y
sentimental se vieron afectadas, no le quedó más remedio que recurrir a la ayuda
médica. Tras visitar a varios doctores sin resultado satisfactorio, finalmente encontró
a uno que le dio la solución a su problema. El diagnóstico del facultativo fue el
siguiente:
- La buena noticia es que tengo el remedio a su dolor de cabeza. Sin embargo, lo
malo es que es necesario castrarlo, ya que usted presenta una extraña condición que
ocasiona que sus testículos se encuentren presionados contra la base de su espina dorsal,
creando un dolor de cabeza del demonio. El único remedio médico para aliviar la presión
es retirar sus testículos.
Jorge se quedó deprimido e impactado, pero decidió que no tenía otra opción que
someterse a la cirugía. Una vez efectuada la operación, él se encontraba tranquilo,
pero notaba que le faltaba algo importante en su organismo. Según caminaba por la calle,
Jorge se dio cuenta de que se sentía como una persona diferente y se convenció de que
podía comenzar de nuevo y vivir una nueva vida. Al pasar por delante de una tienda de
ropa para caballeros, pensó que necesitaba un traje nuevo para reanimar su espíritu,
así que entró a la tienda y dijo al vendedor:
- Quisiera un traje nuevo, por favor.
El vendedor lo observó unos instantes y comentó:
- Déjeme ver. Usted utiliza la talla 44, ¿no es así?.
- Es correcto, ¿cómo lo sabe?, preguntó Jorge sorprendido.
- Es mi trabajo, le contestó el vendedor.
Jorge se puso el traje y le encajaba a la perfección. Mientras se contemplaba en el
espejo, el vendedor sugirió:
- ¿Qué tal una camisa nueva?.
Jorge meditó un instante y accedió a la propuesta. Entonces, el vendedor lo miro y dijo:
- Veamos, usted tiene 34 de manga y 16 de cuello, ¿no?.
- Así es, ¿cómo lo sabe?.
- Es mi trabajo, respondió nuevamente el vendedor.
Jorge se puso la camisa y le quedaba perfecta, por lo que el vendedor le sugirió unos
zapatos nuevos. Jorge, entusiasmado, aceptó. El hombre de la tienda miró sus pies y
dijo:
- Veamos, calza siete y medio, ¿no es así?.
- Es cierto, ¿cómo lo sabe?, y de nuevo obtuvo la misma respuesta.
Jorge se puso los zapatos y le quedaron a la medida. Mientras caminaba con ellos, el
vendedor sugirió que comprase algo de ropa interior. Tras pensarlo por unos instantes,
Jorge aprobó la idea. Entonces, el vendedor le echó un vistazo y dijo:
- Usted utiliza la talla 36 de cintura, ¿no es así?.
Jorge sonrió y dijo:
- Esta vez se ha equivocado. Llevo usando la talla 34 desde los 18 años.
El vendedor, contrariado, sacudió su cabeza y respondió:
Posiblemente pueda usar la talla 34, pero eso presionaría sus testículos contra la
base de la espina dorsal y le ocasionaría un dolor de cabeza del demonio.